Este pasado y emotivo fin de semana he estado en mi pueblo. Acompañado por mi buen amigo José, caminamos despacio hacia la pedriza para recordar a mi padre en aquellas difíciles y esforzadas jornadas en las que, asesorado por mi tío Natalio, se afanaba por desbrozar la tierra para posteriormente plantar olivos, higueras y parras que proporcionarían, al cabo de un tiempo, algún sustento al escaso erario familiar.
En un recodo del conocido recorrido, recordé a mi otro tío: Cándido. En mi libro titulado: Versos diversos, aparece este soneto que, hoy, comparto con vosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario